«Desde hace sesenta años seleccionamos las pieles más preciadas, las trabajamos y cortamos a mano para crear guantes a medida. Nuestra técnica, el antiguo arte artesanal de la guantería napolitana, se transmite de padres a hijos».
Estamos especializados en la creación de productos de alta calidad.
Pero, más que artesanos, más que maestros guanteros, somos buscadores de oro: exploradores que buscan sacar a la luz el estilo a través de un color, un bordado o una costura. Detalles que, como una improvisación, detienen el tiempo y hacen único a quien los luce.
Nos gusta contar nuestra historia porque la tradición es fundamental para nosotros. Sin ella, sin la atención a los materiales y sin el cuidado de cada pequeño detalle, no estaríamos aquí y nuestros guantes no estarían presentes en los mejores talleres y showrooms del mundo.
El corte
Tras el largo proceso de curtido y teñido, realizado bajo la atenta supervisión de un experto, la piel seleccionada llega al cortador. Los artesanos de Andreano la extienden sobre una mesa y la estiran a mano por todos sus lados hasta desplegarla por completo.
De este modo se obtienen las distintas piezas de piel, incluidos los pulgares y las «longette», que, a través de las numerosas fases de confección, darán forma al guante terminado. En esta primera etapa de elaboración, la destreza del artesano es fundamental: evitando las imperfecciones naturales de la piel, obtiene el mayor número posible de guantes utilizando únicamente unas tijeras y el calibre correspondiente.
El valor de los guantes de piel hechos a mano tiene raíces muy antiguas: descubre el arte ancestral de los maestros guanteros napolitanos.
La historia de los guantes en Nápoles tiene profundas raíces: resuena en las callejuelas que albergaban los talleres, cobra vida con el sonido de las máquinas de coser y desprende el aroma de las pieles más preciadas procedentes de países lejanos.
En Nápoles, los guantes hechos a mano no son un objeto cualquiera ni un accesorio de poca importancia. Poseen un valor casi sentimental, porque están impregnados de recuerdos y cuentan la historia de familias enteras que, en el pasado, se dedicaban a coser y confeccionar a mano guantes apreciados en todo el mundo.
UN ARTE APRECIADO EN TODO EL MUNDO
Los guanteros napolitanos ya eran considerados los mejores «fabricantes europeos» desde la época del Reino de las Dos Sicilias. La calidad y la belleza de los guantes napolitanos eran apreciadas en todo el mundo. Se confeccionaban a mano con pieles de gran calidad, utilizando la destreza y los conocimientos transmitidos de generación en generación.
LOS PRIMEROS TALLERES DE GUANTEROS
Fue precisamente la dinastía de los Borbones la que impulsó la producción artesanal local en Nápoles: camisas, corbatas y tejidos preciosos con los que se confeccionaban prendas que hicieron que la ciudad fuera conocida como la «Capital de la Moda y la Elegancia».
Pero, durante este periodo, Nápoles también se convirtió en la «Capital de los Guantes». Los primeros talleres abrieron en una calle que aún hoy se llama Via dei Guanti Nuovi, detrás de Via Medina. En pleno corazón de la ciudad, en el Rione Sanità, familias enteras se especializaron en la elaboración artesanal de guantes. Cada miembro desempeñaba una función concreta y perfeccionaba su arte en una de las más de veinte fases necesarias para confeccionar un par de guantes.
El Rione Sanità
El barrio napolitano donde nació el gran Antonio De Curtis, conocido artísticamente como Totò, era el laborioso corazón de toda la ciudad. Sus callejuelas y talleres, repletos de artesanos, llevaban con orgullo el nombre de sus familias y de sus guantes más allá de las fronteras italianas.
Afragola, Casalnuovo y Casavatore también albergaban curtidurías y otras empresas familiares que participaban en las fases finales de la confección de los guantes, como las dedicadas al embalaje y al etiquetado.
Alrededor del 94 % de todos los guantes fabricados en Italia procedían del distrito napolitano. El 40 % de la producción se destinaba al mercado nacional y el 60 % al mercado internacional.
Una tradición familiar
La elaboración artesanal de guantes de piel, siguiendo la tradición napolitana, es un proceso complejo que requiere más de veinte fases, desde la selección de la piel hasta el producto terminado. En Nápoles, ciudad de contrastes y maravillas, estos refinados accesorios nacían en humildes talleres y sótanos para después ser apreciados en todo el mundo.
En su elaboración participaban familias enteras, organizadas de manera casi industrial: el diseño, el corte, la costura y el acabado eran tareas diferenciadas. En particular, el corte de la piel, confiado a manos expertas tras una cuidadosa selección, era esencial para realzar las cualidades del material.
Esta actividad colectiva, basada en la colaboración y la solidaridad, buscaba construir un futuro afrontando nuevos retos y mercados, anticipándose de hecho a las formas modernas de organización de la producción.
La crisis de la posguerra
Como ocurrió en muchos otros ámbitos sociales, la artesanía también sufrió un duro golpe durante la posguerra. El creciente dominio económico de Europa del Este y de la lejana Asia tuvo consecuencias devastadoras.
Con el paso del tiempo, lamentablemente, la tradición guantera más antigua del mundo fue cediendo terreno a procesos de fabricación menos refinados y menos atentos a las tendencias, pero mucho más económicos. Muchos talleres cerraron sus puertas y solo unos pocos artesanos pudieron continuar ejerciendo su oficio, poniendo su talento al servicio de fabricantes extranjeros que supieron aprovechar sus conocimientos.
Andreano. Guantes de piel hechos a mano en Nápoles desde 1958.
Hoy en día, los mejores maestros guanteros del mundo se encuentran en Nápoles o proceden de allí. Afortunadamente, todavía existen empresas que basan su trabajo diario en el valor de los conocimientos transmitidos de generación en generación y en la calidad de las relaciones humanas.
Entre quienes protegen y mantienen viva la antigua tradición de los guanteros napolitanos se encuentra Andreano. Su historia, transmitida de padres a hijos, comenzó hace más de sesenta años y conserva intacto el deseo de crear guantes bellos y de gran calidad, cuidando cada detalle y respetando todas las normas de la artesanía napolitana para la elaboración de guantes de piel hechos a mano.










